El Milan de finales de los 80 y comienzos de los 90
Más
allá de los títulos obtenidos o los jugadores en nómina que se
sucedieron por el conjunto 'rossonero', en el reciente recuerdo
permanece un fútbol de alta escuela, con conceptos pioneros que
dieron una vuelta de tuerca más a este deporte, y una filosofía de
juego compleja a la par que atractiva. Su defensa
en zona,
la presión
adelantada la ocupación
de los espacios en
ataque marcaron la seña de identidad en un equipo surgido del
cerebro de un genio de los banquillos: Arrigo
Sacchi.
Un
equipo al que llegaron Galli de
la Fiorentina, Donadoni de
la Cremonese, Colombo del
Avellino, Ancelotti de
la Roma, Virdis de
la Juve o Evani de
la Sampdoria. Pero hubo tres incorporaciones que marcaron, por encima
del resto, el destino de este Milan. Un trío de holandeses que
pusieron la nota exótica y distintiva. El factor diferencial que
distingue a los buenos equipos de los eternos. Ruud
Gullit, del PSV, Frank
Rijkaard y Marco
Van Basten, del Ajax, completaron un equipo de ensueño en el
que la gente de la casa como Baresi o
los jóvenes Maldini, Costacurta y Tassoti añadieron
el sentimiento, el orden y el compromiso.
En su primera temporada se proclamó campeón de Liga y ganó la Supercopa de Italia. En los dos años siguientes ganó 6 trofeos internacionales: 2 Copas de Europa, 2 Copas Intercontinentales y 2 Supercopas de Europa. Sacchi permaneció en el club cuatro temporadas.
Frank
Rijkaard, Marco Van Basten y Ruud Gullit
